El cielo se oscureció un poco,
Aquella tarde de manera extraña,
Seguramente se acercaba alguna nevada;
Pensó, sin dudarlo mientras soñaba.
Aquella joven de cabello negro y ojos acielados
De piel de seda blanca y mirada helada
Que se paseaba como acostumbraba en invierno
Por aquel bosque, ennegrecido,
Lleno de almas y criaturas extrañas,
El cual siempre habría sido
La cárcel de sus sueños y silencios,
Donde a veces, solía perder el tiempo.

“Cuidado con los lobos”
Rezaba el cartel a la entrada,
Nunca en su vida había visto
Un lobo en aquella arbolada.

Camino durante horas. Mientras el aire se helaba
Desde luego su imaginación no se quedaba en tierra,
Aquella joven soñaba y soñaba mientras andaba….
A veces tarareaba alguna canción que le venía a la mente
Tamborileaba con sus dedos en su regazo, indiferente
Se movía por aquel encierro de naturaleza destazada
Hasta que sus ojos se posaron en un camino algo extraño…

Un caminillo de gotas de sangre,
Guiaban a la joven ahora por el supuesto parque
Un tenue hedor la distrajo, se sintió mareada,
Insegura y por alguna extraña razón perdida,
Aunque al mismo tiempo no sentía nada.
Varios minutos pasaron de inmediato
Mientras la joven aun seguía aquel rastro
De fluidos corporales sintiendo algo de asco…
De nuevo aquel hedor putrefacto
Se le arraigo en la conciencia
Acto seguido lleva su brazo
Hasta donde radica su olfato…
Su mano se mancho un poco de carmesí,
Un hilillo de sangre que corría de sus labios…
El rastro de sangre era de ella,
y hacia mas de media hora caminaba en círculos entonces....
Le temblaba un poco la mano
Los nervios le hicieron una emboscada
Al ver su mano manchada
Por su propia sangre, su propia sangre.

Algún gemido inaudible habrán Escuchado los lobos de ese bosque
La joven ahora corría aterrada
Sin alguna dirección determinada
Tan solo corría, de vez en cuando resbalaba
A causa de las innumerables charcas
Que formaban las recurrentes pero pobres nevadas
Así pues Corrió, troto y camino durante casi una hora
Hasta que llego a aquel mar de espejos
Aquel lago de aguas inmóviles, donde ella se aferro a la costa…


Trato de tranquilizarse, quién sabe,
Que pudo haber pasado,
Solo debía salir del bosque
Y seguir con su vida
Dejando todo olvidado…

Su idea no duro más que fracciones de segundos,
Al ver reflejada en los espejos de la luna
Aquella joven, aquella joven como ninguna…
No era ella la que se veía en aquellas aguas…
La palidez infinita y mortuita invadieron de golpe su rostro…
Sus ojos de cielo se nublaron, Se emblanquecieron
Para darle un sencillo aire de muerto…
Sus mejillas desgraciadas, su cabello atasajado…

Hundida, finalmente, y convencida
De que estaba dormida
De que todo no era nada más que una pesadilla;
Decidió limpiar su rostro con las
Aguas benditas de su nueva posada.
La pesadilla empeoraba,
Y ahora al sumergir sus manos en el agua
Se dio cuenta que el sangrado continuaba,
Ahora todos sus brazos manchados
De un rojo vino, Vino indeleble
Que restregado una y mil veces no se borraba de sus manos
En su vestido negro encajado.

Calma, Calma y despertad se dijo a si misma luego de batirse a duelo con sus sistema nervioso.
Se recostó, cerrando los ojos con fuerza
Negando la situación con firmeza
“Tan solo un sueño tan solo un sueño”
Repetía en silencio pues era lo único
Que su boca articulaba de manera perfecta.

Abrió los ojos y de nuevo…
Nada era como debía ser…
Aquel cielo que alguna vez guardo sus sueños en lo más azul de la realidad, muto, como todo su mundo nuevo…
Ahora su cielo era tan solo una masa de nubes negras y sedientas que se movían indetenibles sin viento, era tan solo una marea mas, ausente de luna, de sol y estrellas…
Pero paradójicamente aun había luz suficiente para que ella viera, se levanto de la orilla de aquel cementerio de su realidad y decidió emprender el viaje de vuelta a su despertar…
Se adentro de nuevo en el bosque…

El aire definitivamente era cien veces
Más espeso que antes,
Mas frio y mas… muerto
(Si! El aire estaba muerto como todo aquello que había en ese “mundo nuevo”)
Todo tenía una sombra infinita de colores macabros y allanados de felicidad…


De nuevo!
Aquel camino de sangre
Donde su pesadilla empezó
Encamina de vuelta su viaje
A lo más profundo de aquel sitio
Qué minutos atrás ella abandono,
Aquella Cárcel de soledad incalculable…

Siguió de nuevo el antropomórfico rastro de residuos corporales, pero esta vez no tuvo que esperar mucho para dar con el final del paseo.

Caudales de sangre…
Uno o dos cuervos graznaron diciendo “Aléjate de Aquí”
Uno o dos cuervos se posaron en su conciencia…
Uno o dos gusanos se centraron en su corazón y se lo comieron en su sueño…

Se sintió apuñalada por una fría brisa más que invernal…
Los ojos se secaron, el miedo recorrió todos sus nervios apagando toda función motora consiente, miles de nudos en su garganta silenciada estrujaron su interior….
Aquel bulto de sombras,
Donde uno o dos cuervos se posaron,
Era la catarata que creaba aquel hilillo de sangre…
Aquel bulto de sombras que veía desde lejos…
Se movió por inercia, atraída por la masa de las sombras infernales que reposaban en el medio de aquel bosque ensangrentado…
Moría de los nervios aquella joven de pesadillas….
Pero en momentos anteriores, hubiera podido escuchar su corazón acallar todos los sonidos, y lo hubiera sentido estallar fuera de su pecho…
Pero en ese instante no sentía nada, como si no tuviera corazón….

Al llegar al bulto de sombras…
Inmóvil…
Escucho el aullido de un lobo en lo más profundo de su pesadilla…
La tierra alrededor de aquel bulto era barro formado con sangre ya coagulada…
Si hubiera podido gritar, correr, llorar, o suicidarse lo hubiese hecho al ver eso…
Era una joven…
De piel blanca, sin ojos
y a medio comer por lobos
Era ella que soñaba…
Era ella encerrada…
Era su cuerpo, desmembrada…

Al lado del cuerpo había una nota la cual recogió y noto que estaba escrito en algún idioma extraño lo cual le pareció raro pues la pudo leer de inmediato, en esta decía:

“Trasportad su alma directo al infierno.”

La Muerte.




Victor Castillo

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