Ese día se sentó en la mesa justo frente a mi como casi siempre lo hacia, pero esta vez se encargo de cubrir la poca luz que se colaba entre las persianas, haciendo que su rostro se transformase tan solo en un bulto de sombras el cual no podía detallar.
Si lo había hecho apropósito, fue bastante inteligente. Yo solía perderme en su rostro horas, y distraerme tanto viendo sus ojos. Con la transmutación de la luz que había logrado, sus ojos eran ahora solo un pozo de aguas profundas y oscuras del cual podría emerger cualquier tipo de bestias de fantasías, de esas bestias que juguetean conmigo a veces, y que aveces me pisoteaban y devoraban el alma a trozos...
Hay gente que dice, que los ojos son la ventana del alma, pues yo pasaba sueños enteros viendo fijamente aquellos soles buscando el brillo que estos desprendían para colarme en este y luego poder mezclarme con tu alma como lo deseaba desde hace años...
El aire estaba impregnado de un invernal silencio, que siempre viene acompañado de aquella brisa helada que te hace arder las fosas nasales. El piso de madera de la cocina fue siempre el espejo que hacia los mas hermosos reflejos de su sombra, claro que siempre combinado con la luz de aquella peculiar ventana, que el día de hoy, estaba clausurada para mi...
Volteo su cara, revelando aquel perfil de el cual me enamore hacia ya cientos de siglos pasados, y en el cual yo solo dibujaba sonrisas, aunque a muerte que deseaba trazar un beso...
Al no poder responder a su silencio y a su mirada de lastima matutina, me resigne a desviar la mirada y ver fijamente a la taza sus manos abrazaban fuertemente como tratando de absorber el calor y traspasárselo desde sus dedos a todo su cuerpo...
En la mesa habían unos papeles de no se que para no se que cosa, se veían bastante oficiales y serios, solo alcance a leer: A ud. Srta Ivana Amareu Ayala J.... Ese nombre... que tantas veces re ordene en mi mente... estaba seguro, que podía crear miles de nombres con esas letras... Pero solo el de ella me vino a la mente..
Sin querer de mis labios se escaparon unas cuantas palabras que al mezclarse uniformemente con el aire, estas resonaron en la habitación dejándose atrapar por los odios:
Y bien...Ivana ¿Que me dices?
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